Raimond Chaves

Posted by on Jun 22, 2011 in Sin categoría | No Comments

Los Dibujos Marihuanos
Raimond Chaves

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos debería contar de una serie de asuntos aparentemente inconexos. Sería necesario relatar en él cosas sucedidas hace mucho tiempo y referir algunas peripecias de índole personal. Quizás fuera necesario aventurar alguna relación entre estos dibujos, hechos como en el aire, y la percepción flotante que hoy día tenemos del tiempo y el espacio y esa sensación de que la historia se volvió fugaz y esquiva. No estaría de más tampoco establecer algún tipo de vínculo con las experiencias que ciertos escritores como Benjamin y artistas como Michaux desarrollaron en su momento con el hachís y la mescalina. Y de pronto habría que contarlo todo ello de manera que quedaran desactivadas la frivolidad y los prejuicios que el nombre pueda acarrear consigo.

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos contaría que en 1997 con Carolina Caycedo tras callejear bajo la lluvia y fumar harta marihuana dibujábamos en grandes pliegos de papel sin otro motivo que disfrutar y celebrar que estábamos vivos y contentos. Que dibujábamos en el piso, sobre la cama o sobre las mesas. Que los dibujos salían a partir de cualquier cosa y lo hacían a una, dos, tres y a cuatro manos. Que cortábamos y pegábamos no importaba qué. Que a solas o juntos los dibujos marihuanos crecían y se amontonaban.

Un afiche de una cantante retocado insolentemente, unos retratos seriados encabezando el papel cuyas lágrimas descendían hasta el borde inferior del pliego. Explosiones, fugas, remolinos, garabatos, trazos herméticos de tan íntimos, todo arbitrario de tan vehemente.

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos señalaría cómo en 1997 se dieron una serie de asuntos que trece años más tarde permiten ser leídos como una significativa coincidencia.

En 1997, para mi, el tiempo dejó de existir al encontrarme con la función “deshacer”, esa posibilidad de la escritura en computador que hizo que el tiempo mantuviese intacta su carcasa hecha de medidas, términos y frases hechas, pero que la relación entre sus órdenes más convencionales, esto es entre pasado, presente y futuro, se esfumara.

En 1997 eso se dio en un lugar, donde la ambición por la tierra provocaba -y provoca- una constante cuota de muerte y silencio; donde también se trabajaba -y se trabaja- sin pausa en el proceso químico capaz de comprimir la percepción del tiempo y en donde, para redondear, la radio en los buses se empeñaba en convertir el devenir, y por ende la historia, en la reiteración encadenada de las mismas y añejas canciones.

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos contaría que en 1997 cuando la función “deshacer” recién empezaba a reglarlo todo de manera callada, alcancé a vivir una suerte de gran epifanía de la percepción reblandecida gracias a la marihuana.

Y si la yerba ablanda el tiempo, el cine lo aparca y la lectura permite la coexistencia de tiempos paralelos, la función “deshacer” lo que logra es anularlo a punta de confundir y marear sus órdenes con sólo mover un dedo.

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos se preguntaría si hoy, trece años después, es posible volver a hacer unos dibujos marihuanos -esta vez sin la ayuda de dicha sustancia- pero manteniendo ese sentido de libertad, esa posibilidad de quiebre constante con la propia ruta, ese dibujar con y contra uno mismo a la vez. Con el anhelo de no serle fieles a nada ni nadie. No queriendo decir nada para contarlo todo.

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos se preguntaría si es que de los únicos dibujos de los que uno es capaz, como sucede con la erección del ahorcado, o los manotazos del ahogado no son más que dibujos de prisionero. Dibujos condenados a no ser otra cosa que reiteración de las mismas maneras de siempre, de las mismas mañas, mera confirmación de lo sabido. Imposibilidad de fuga.

Un texto aún no escrito a propósito de estos dibujos contaría como estos han sido hechos entre estos dos polos, yendo y viniendo de un extremo a otro.

Entre Lima y Bogotá a noviembre de 2010.