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Foto: Raúl Belinchón

EXPOSICIÓN ACTUAL

Escif y Otto 183: Un pájaro no canta porque tenga una respuesta

Del 23 de setiembre al 2 de diciembre de 2022


“Yo sinceramente creo que para el niño (…) no es ni siquiera la mitad de importante conocer como sentir. Si los hechos son la semilla que más tarde producen el conocimiento y la sabiduría, entonces las emociones y las impresiones de los sentidos son la tierra fértil en la cual la semilla debe crecer”.

Rachel Carson: El sentido del asombro 


En esta exposición Nacho hace dibujos que Otto interviene. 

En esta exposición Otto hace dibujos que Nacho interviene.

Nacho es un adulto. Otto es un niño.

Como escribe Rachel Carson, esta es la “camaradería de dos amigos en una expedición de apasionantes descubrimientos”[1].

En esta exposición, suenan los primeros acordes. Es un concierto de piano a cuatro manos y un pájaro no canta porque tenga una respuesta. No hay partitura en este espacio musical. No se exige audiencia. Son dos. Una suerte de correspondencia sonora y gráfica entre dos fuerzas que dialogan desde el impulso a veces, desde la contención quizás. Se intuyen. Hay jazz. La estructura juega a fallar. Hay un todo. Comienza a haber varios todos. No se pisan, se aceleran. Apenas se miran, no saben qué encontrarán el uno del otro. Los trazos de uno parecen replicar la dirección del viento. Las escenas de otro casi se acomodan dentro del paisaje climático. El diálogo se produce dentro de diferentes panoramas: Otto produce atmósferas a las que Nacho se aclimata, y Nacho provoca lugares sobre los que Otto esparce brisa. El aire lo mueve todo y todo mueve el aire. La relación inevitable entre color y forma y forma y color nos lleva a observar los efectos que todo tiene sobre todo. Estos efectos no son conocidos, no pueden clasificarse bajo ningún orden ya establecido. Si consiguiéramos catalogarlos, los perderíamos como si nunca los hubiéramos visto. Los efectos son legítimos y comienza a producirse una simbiosis entre dos agentes colaboradores que participan de la misma horizontalidad. Nada es pequeño o grande aunque podamos determinar edades. Nacho es un adulto. Otto es un niño. Son dos. Son uno y uno. 


a veces la música suena en silencio, 2022. Acuarela, gouache y collage sobre papel Fedrigoni 250 gr, 100 x 70 cm

El niño tiene la capacidad de activar el lenguaje antes del diccionario. Su idioma siempre es previo. Otto no lo sabe y no lo dice pero aun así habla e inaugura, anima nuevas criaturas. Nacho dice y esculpe disponiendo estructuralmente su discurso, distingue y valora todos los animales, asegurando las imágenes que luego dejará a otras manos. Otto ignora el uso exacto de las palabras y la función diseñada de las herramientas, no conoce la razón detrás de las geometrías y no puede pronunciarlas pero desvela con su gesto el material que subyace a todo: un asombro indestructible. Esa es la maravilla. Otto puede ser las geometrías. El niño se inicia con la materia y la dirección de sus trazos responde a la totalidad de su cuerpo. No juzga ni otorga identidades. Exquisito esparce el secreto de su latencia. No recuerda. Inventa la línea cada vez. La infancia lo ingenia todo e inicia las memorias. Otto ocupa su lugar, no construye, habita el sitio a través de su forma y de su material y declara, sublima y legitima la no construcción, el punto de partida, expresa con su primera línea que es posible otro posible y que es necesaria esa posibilidad. El adulto entiende ahora que el mundo no puede ser sin otros mundos. Nacho sabe ahora qué pasaría si nunca hubiera visto esto e incluso también qué supone no volver a verlo nunca. Sabe que “el universo puede compartirse con un niño incluso si no se conoce el nombre de ninguna estrella”[2].

Ha comenzado una colaboración. 

Otto conoce el espacio entre las cosas.

Nacho conoce las cosas. 

Son dos. 

un coche muy rápido sin cuerdas, 2022. Técnica mixta sobre papel Arches 300 gr, 41 x 31 cm
soplar perlas, 2021. Técnica mixta sobre papel Arches 300 gr, 41 x 31 cm
humo que se convierte en nubes, 2021. Técnica mixta sobre papel Arches 300 gr, 41 x 31 cm


Hay dos cantos y aunque el canto no es idéntico sí es congénere. Hay igualdad entre los cantos. Otto es un niño y pone en duda el cometido de los elementos y concibe otros y los dispone pero no es consciente, todo en él es vivencial: tiene presente. Nacho es un adulto y cree entonces que no sabe nada cuando el niño termina sin pensarlo con la diligencia que da la madurez. Pero es asociación constante, las nuevas posibilidades dejan surgir nuevos vocabularios. Los nuevos léxicos dejarán crecer a los otros universos. El adulto fue niño y “cuando el niño era niño,/ las moras le caían en la mano como sólo caen las moras/ y aún sigue siendo así” como escribe Peter Handke. Todo sigue siendo como antes: es posible el asombro y es posible el niño. Ante los trazos de Otto, Nacho olvida las cosas, se sumerge en esa dimensión que existe entre las cosas. Espera un tiempo y reconoce a los nuevos animales, siempre ha sido así, y ahora que tiene memoria, recuerda: la infancia lo revela y rebela todo. 

En directo, asistimos a las primeras cartas: el padre escribe al hijo, el hijo escribe al padre, no porque tengan una respuesta.


[1] Carson, Rachel. El sentido del asombro. Ediciones Encuentro. 2012. Página 29

[2] Carson, Rachel. El sentido del asombro. Ediciones Encuentro. 2012. Página 33



BIO Escif y Otto 183

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