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Desde el vomitorio II, 2021. Grafito y acrílico sobre fragmento de pared 22 x 15 x 6 cm
Desde el vomitorio II, 2021. Grafito y acrílico sobre fragmento de pared 22 x 15 x 6 cm

EXPOSICIÓN ACTUAL

SANTIAGO TALAVERA: EL PASADO HABRÁ SIDO UN PLANETA EXTRAÑO

Del 23 de septiembre al 17 de diciembre de 2021


Naufragio sin espectador.

                                                           Fernando Castro Flórez.

Hay formas de “justicia poética” que adquieren una dimensión siniestra (familiar y devenida inhóspita por causa de una represión) como si un destino funesto condenara a la invisibilización de la catástrofe en curso. El fantasma no reaparece ni asedia la fantasía, no se trata de un “logos patriarcal” (a la manera shakesperiana) que clama venganza frente a la traición de los lazos de sangre, sino que lo que sucede es, valga la paradoja, una falta de “acontecimiento”, una paralización a-sintomática. En otoño de 2020, tras posponer la exposición Hauntopolis en el Centro de Arte Tomás y Valiente de Fuenlabrada (planeada para la primavera anterior), montamos durante una semana las obras en un momento de “aparente” desescalada de la pandemia de la covid-19. Habíamos seleccionado obras de Santiago Talavera en las que aborda cuestiones como la crisis ecológica, la defensa de los animales y lo que podemos calificar como una lucha estético-ética en defensa de la justicia planetaria. Dibujos, cuadros y una imponente instalación (en la que una pared estaba marcada por la frase “Solo somos apocalípticos para poder estar equivocados” de Günther Anders) habían sido dispuestos en la sala para provocar una reflexión colectiva sobre la situación calamitosa en la que nos encontramos. La exposición nunca llegó a inaugurarse, esto es, salvo los montadores, los responsables del centro, el artista y el comisario, nadie pudo recorrer el espacio y contemplar las obras. Las “medidas de confinamiento” impusieron la lógica de zoom, la “experiencia vicaria” de una visita virtual que, a la postre, no genera casi ninguna intensidad crítica. 

El accidente original, 2021. Acrílico, collage, tinta, grafito y spray sobre fragmentos de pared. Medidas variables.
El accidente original, 2021. Acrílico, collage, tinta, grafito y spray sobre fragmentos de pared. Medidas variables.

Las calamidades pueden atraer magnéticamente otros desastres. Poco tiempo después, el estudio de Santiago Talavera sufrió una inundación y muchas de las obras de la exposición cancelada sufrieron daños. El mismo artista me dijo que consideraba su muestra “invisible” como un “metarrelato catastrófico” y que cuando vio que algunas de sus piezas estaban literalmente flotando en el agua se sumió en un justificado abatimiento. Era como si toda su meditación artística sobre el final de los finales se hubiera materializado en una demolición subjetiva. Tuvo que sacar fuerzas de flaqueza para hacer “algo con eso”, consciente de la dificultad o incluso imposibilidad de retorizar la situación. 

Santiago Talavera parecía retomar la concepción del arte como lenguaje del sufrimiento, así como la convicción que Adorno plantea en su Teoría estética de que debe romperse la apariencia de un arte “reconciliado” con la experiencia heterogénea para literalmente “admitir escombros de la experiencia” que alcanzan una función y efecto estético distinto. Con un coraje admirable, este artista rescató y restauró sus obras arruinadas, emprendiendo un trabajo que asocia con la concepción del “accidente original” de Paul Virilio. Más que un arca de Noé (una intuición que tuve escuchando a Santiago Talavera justo cuando estaba leyendo a Athanasius Kircher), lo que hace es trabajar con una determinación más forense que arqueológica. En fragmentos de un muro que tuvo que tirar realiza dibujos hipnóticos, tratando de hacer visible aquello que está conectado catastróficamente a la manera del aleteo de una mariposa y un trastorno meteorológico en Londres.

Asistimos a un naufragio sin espectador, cuando no podemos contemplar dulcemente, a la manera de Lucrecio, como padecen los ignorantes en un mundo cruel, ni sentimos que la relación con la Naturaleza pueda restaurarse en un apartamiento del mundo que lleve a tocar la cruz de oro en las montañas. La sublimidad romántica fue (perversa y gozosamente) profanada en lo informe contemporáneo y la expansión del cinismo afecta incluso a los sentimientos nostálgicos. Santiago Talavera no emprende el Grand Tour, a la manera de Goethe, para estudiar los volcanes, para él las erupciones son el signo de la destrucción del mundo en el que (sobre)vivimos; poco importa el neptunismo cuando asistimos a la desaparición del permafrost. Lo más preocupante es que muchos políticos y también bastantes habitantes del planeta se niegan a cambiar su “forma de vida” e incluso niegan que estemos en situación crítica, convertidos en sujetos que se niegan a ver como aquellos ciegos-supersticiosos contra los que discurriera Diderot. 

En la exposición en Gabinete de Dibujos, Santiago Talavera presenta la obra Reinventar el espectáculo, un extraordinario dibujo de un teatro vacío en el que parece que hubiera impactado un meteorito, rodeado por erupciones. Nuestra mirada está “situada” en el escenario como si fuéramos los actores de ese desastre en el que también vemos un ave que trata de huir. Comenzó a pensar esta obra en aquellos meses de “cancelaciones sucesivas” de Hauntopolis, recuperó una fotografía de un teatro giratorio que “rondaba” por su archivo y, finalmente, consiguió sedimentar ese fantasma. Aquí no se pone en escena la melancolía, a la manera del teatro barroco, ni es un mero conflicto realista (con esa burguesía que apenas percibe el rumor de la conflictividad histórica desde el confort doméstico) sino que es una suerte de interrupción teatral (en el sentido brechtiano) que trata de dejar atrás lo catártico para, desde el extrañamiento, provocar la reflexión y acaso conseguir la solidaridad.

Santiago Talavera venía a definir sus obras, en la conferencia que impartió en mayo del 2021 en CENDEAC (en el ciclo “El fin del mundo. Una agenda para otro planeta”), como “acciones preventivas”. Sus visiones apocalípticas no tienen ni mucho menos la intención de colaborar con la disciplina tanatopolítica, sin querer tampoco reencarnar el destino de Casandra. Lo que hace es punctualizar sutilmente la catástrofe (para Benjamin encarnada en el hecho de que lo peor “sigue produciéndose”), disponiendo incluso lupas en torno a textos y dibujos para enfatizar la necesidad de que nos convirtamos en observadores implicados. En sus cuadros introduce glitcheos constatando la dimensión productiva del error, de la misma forma que realiza fascinantes détournements de imágenes históricas como en la obra que realizó a partir de fotografías de la crisis de los “misiles” cubanos. 

El imaginario apocalíptico de Santiago Talavera se repliega dialécticamente, por ejemplo, en su obra No more dystopia (2020) tratando de poner límite al regodeo en el desastre. El fantasma del “fatalismo” es sometido a una mise en abyme, aunque sea difícil desembarazarse de la frustración de haber expuesto sin que nadie viera nada. La anomalía de Hauntopolis parece sintonizar con la especulación de “un mundo sin nosotros” o, como Santiago me indicó, con aquella escena de Hijos de los hombres (2006) de Alfonso Cuarón en la que las obras de arte están en posesión de los poderosos “bunkerizados” pero destinadas a carecer de miradas. El realismo capitalista tiene en ese “estado de excepción” una impresionante condensación alegórica. Desde la arqueología de la inundación, con un posicionamiento “forense”, Santiago Talavera ha dibujado minuciosamente escenas tremendas (como en ese fragmento del muro que sedimenta un teatro clásico en el que destaca una silla vacía que no dará, a la manera beckettiana, reposo a nadie) no para sublimar la catástrofe sino para recordarnos que “quedan cien segundos para media noche”.

CV Santiago Talavera

Reinventar el espectáculo, 2021 Tinta sobre papel 100 x 150 cm
Reinventar el espectáculo, 2021 Tinta sobre papel 100 x 150 cm

Fotografías de sala: Raúl Belinchón